Marcelo Jorge Artime (intendente interino de la municipalidad de General Pueyrredón)
A nuestra ciudad le ha ido bien cuando a la mayor parte de los argentinos les ha ido bien. Pero sus empresarios pesqueros han sufrido la depredación de flotas extranjeras; nuestros empresarios textiles han sufrido la importación indiscriminada y nuestros empresarios gastronómicos y hoteleros han sufrido las consecuencias del “déme dos” o el uno a uno.
Mar del Plata fue emblemática de un país que seguramente a muchos de nosotros nos gustaría ver retornar en algunas de sus virtudes. Un país en el cual los generadores de riqueza pudieran tener progreso y mejora social.
El cardenal Bergoglio, en una de sus visitas a Mar del Plata, señaló que hay una diferencia muy importante entre ser consorcista y ser ciudadano. Porque el consorcista paga sus expensas pero no le interesa el que vive al lado; en cambio, ser ciudadano implica no sólo pagar impuestos sino preocuparse por el país.
Coloquios como éste ayudan muchísimo a que pasemos de la condición de consorcistas a la de ciudadanos.
Tenemos una oportunidad importante porque estamos a pocos meses de cumplirse los 200 años del primer grito de independencia y esperemos que en Mar del Plata nos encontremos buscando consensos, unidad sin confrontaciones, igualdad y progreso.
Sesión Plenaria: “Consensos y políticas de Estado para la competitividad”
Rodolfo Terragno (ex senador de la Nación)
Con el ex presidente Eduardo Duhalde comparto la convicción de que es necesario arribar a acuerdos multipartidarios para transformar a la Argentina.
Mi impresión es que la Argentina está mucho peor de lo que creemos; pero que la solución es mucho más fácil de lo que imaginamos. Este es el sentido de mi Plan 10/16.
La Argentina debería crecer ininterrumpidamente a 5% anual para tener en el año 2023 el ingreso per cápita que Croacia tiene hoy y en el 2027 el que tiene actualmente España.
Para lograrlo es indispensable llegar a un acuerdo que: 1) asegure la estabilidad jurídica (nunca más leyes de efecto retroactivo) y 2) establezca un Estatuto de la Inversión (que garantice que en el tiempo de ejecución no se modifiquen las condiciones tributarias, arancelarias, cambiarias, etc) y que debería alcanzar al 35% del PBI. Esto no se consigue sin plan, ni sin acuerdos.
Si nosotros avanzamos en esta dirección, aumentará no sólo la confianza y la productividad, sino que provocará una apreciación genuina de la moneda, que nos dará un plus de crecimiento.
En este caso, podríamos llegar (en paridad de poder adquisitivo) al nivel de Croacia en 2016. Si hacemos este esfuerzo el año del Bicentenario de la Independencia nos va a encontrar en la autopista del desarrollo.
La pobreza no es una cifra; tiene importantes consecuencias en todo el espectro social. Hoy la Argentina tiene más delitos dolosos que Kenia por cada 100.000 habitantes. Es una inmoralidad colectiva, pero además un atentado a la productividad y la competitividad.
Tenemos a un 4.25% de la población viviendo con menos de 1 dólar por día; 11.3% viviendo con 2 dólares y la desnutrición infantil es superior en la Argentina que en Túnez.
El elemento esencial para la redistribución del ingreso es el impositivo. Y nosotros no tenemos un sistema tributario sino una red de peajes: el Estado espera al contribuyente en la caja del supermercado y le cobra el mismo IVA al multimillonario que al villero; o en la caja del banco, donde le cobra el mismo impuesto al cheque a la multinacional que a una pyme.
Los acuerdos hay que hacerlos ahora, cuando nos cubre el velo de la ignorancia y no sabemos quién va a ser gobierno y quién oposición en 2011.No en 2015.
Las políticas públicas se tienen que transformar en leyes y en decisiones ejecutivas. Esto requiere confianza de la población en quienes gobiernan y en quienes legislan.
A medida en que una democracia se consolida, los liderazgos personales son reemplazados por liderazgos institucionales.
Rodolfo Terragno (ex senador de la Nación)
Con el ex presidente Eduardo Duhalde comparto la convicción de que es necesario arribar a acuerdos multipartidarios para transformar a la Argentina.
Mi impresión es que la Argentina está mucho peor de lo que creemos; pero que la solución es mucho más fácil de lo que imaginamos. Este es el sentido de mi Plan 10/16.
La Argentina debería crecer ininterrumpidamente a 5% anual para tener en el año 2023 el ingreso per cápita que Croacia tiene hoy y en el 2027 el que tiene actualmente España.
Para lograrlo es indispensable llegar a un acuerdo que: 1) asegure la estabilidad jurídica (nunca más leyes de efecto retroactivo) y 2) establezca un Estatuto de la Inversión (que garantice que en el tiempo de ejecución no se modifiquen las condiciones tributarias, arancelarias, cambiarias, etc) y que debería alcanzar al 35% del PBI. Esto no se consigue sin plan, ni sin acuerdos.
Si nosotros avanzamos en esta dirección, aumentará no sólo la confianza y la productividad, sino que provocará una apreciación genuina de la moneda, que nos dará un plus de crecimiento.
En este caso, podríamos llegar (en paridad de poder adquisitivo) al nivel de Croacia en 2016. Si hacemos este esfuerzo el año del Bicentenario de la Independencia nos va a encontrar en la autopista del desarrollo.
La pobreza no es una cifra; tiene importantes consecuencias en todo el espectro social. Hoy la Argentina tiene más delitos dolosos que Kenia por cada 100.000 habitantes. Es una inmoralidad colectiva, pero además un atentado a la productividad y la competitividad.
Tenemos a un 4.25% de la población viviendo con menos de 1 dólar por día; 11.3% viviendo con 2 dólares y la desnutrición infantil es superior en la Argentina que en Túnez.
El elemento esencial para la redistribución del ingreso es el impositivo. Y nosotros no tenemos un sistema tributario sino una red de peajes: el Estado espera al contribuyente en la caja del supermercado y le cobra el mismo IVA al multimillonario que al villero; o en la caja del banco, donde le cobra el mismo impuesto al cheque a la multinacional que a una pyme.
Los acuerdos hay que hacerlos ahora, cuando nos cubre el velo de la ignorancia y no sabemos quién va a ser gobierno y quién oposición en 2011.No en 2015.
Las políticas públicas se tienen que transformar en leyes y en decisiones ejecutivas. Esto requiere confianza de la población en quienes gobiernan y en quienes legislan.
A medida en que una democracia se consolida, los liderazgos personales son reemplazados por liderazgos institucionales.
Eduardo Duhalde (ex presidente de la Nación)
He hablado con el jefe de Gobierno de Buenos Aires (Macri); con varios gobernadores provinciales y con el vicepresidente de la Nación (Cobos), porque la Argentina necesita, como el aire que respira, de políticas de Estado.
La Argentina necesita llegar al próximo gobierno sabiendo qué vamos a hacer en cada tema. El tema central: una estrategia de desarrollo productivo del enorme potencial de recursos que tiene el país.
Con el Pacto de la Moncloa, España decidió en su momento si iba a Europa o se quedaba como norte de África. La mirada que debemos tener en la Argentina es si quedamos atrapados en la escatología política de la última década del siglo XX o si entramos con toda fuerza al siglo XXI.
Los liderazgos políticos fuertes (como los de Alfonsín o Menem) son refractarios a los acuerdos políticos.
Ahora hay un liderazgo extorsivo; pero como también se termina, da lugar a un campo fértil para buscar consensos. Todos podemos ayudar.
El núcleo duro de los acuerdos para políticas de Estado son los partidos políticos. La segunda condición es que el poder mediático de la Argentina apoye esta idea. El tercer círculo de protección son los empresarios, trabajadores, técnicos, científicos y religiosos.
No puede ser que un objetivo tan preciado por la sociedad (consensuar políticas de Estado), no pueda ser logrado por la incapacidad de los políticos. Es un desafío que vamos a lograr.
Al igual que en Europa quedó atrás el lenguaje la muerte. Por eso sorprende cuando en Latinoamérica se oye hablar de que “soplan vientos de guerra”. Si no entendemos el lenguaje de la democracia y de la paz, no podremos ingresar al mundo que queremos.
No tengo expectativas de que en los próximos dos años se pueda avanzar en la recreación del federalismo. Mi expectativa es que pueda ser una de las políticas a discutir a partir de 2011.
La calidad institucional de la Argentina es lo que va a ayudar a las inversiones y la competitividad.
No estoy de acuerdo con una ley que de un día para otro le diga a los partidos políticos si pueden existir o no.
Los empresarios no se animaron a decir que la política de cambio fijo había cumplido ciclo en 1998. Hubo mucha hipocresía. En 2002 hice lo que había que hacer: nadie se animaba a firmarle el certificado de defunción a la convertibilidad, que ya estaba muerta.
Tenemos como sociedad rasgos italianos, que podríamos aprovechar para avanzar hacia un cambio del sistema presidencialista y personalista por un sistema parlamentario. En Iberoamérica, el presidencialismo siempre funcionó mal.
Estamos indigestados del pasado. Tenemos que hacer borrón y cuenta nueva y mirar al futuro.
El entorno internacional y la inserción de la Argentina
Sesión Plenaria: “El futuro de la globalización”
Ralf Boescheck (profesor de Política Económica y Negocios del IMD)
Para medir la competitividad no hay que compararse con la competencia, sino con un ideal.
La crisis no terminó, pero la oportunidad de aprovecharla aún está ahí.
No vamos a volver a la normalidad. Dicen que estamos en camino, pero eso no es así. El que lo dice es un cínico.
El fin de la recesión se define por el empleo de los recursos de la producción en forma efectiva y eso no está pasando.
Cuando pase la recesión, vamos a tener 25 millones de desocupados que no van a poder volver a la fuerza laboral.
Hay que tener cuidado de utilizar el sector público para estabilizar la economía. Cuando el sector público participa, se ahoga la iniciativa privada.
Es necesario encontrar la manera de producir más, pero hay que pensar también en quienes consumen.
Hay que incentivar a la gente a que compre y eso se puede hacer bajando el precio del dinero.
Jeffrey Davidow (presidente del Instituto de las Américas y ex embajador de los Estados Unidos en Venezuela y México y observador en Chile y Guatemala)
La OCDE habló de caída sincronizada y ésa fue la causa principal de la profundidad de la crisis, con hundimiento del comercio mundial. Pero similar sincronización en la recuperación puede asegurar una velocidad del mismo calibre en la salida de la crisis.
Esa recuperación marca una nueva estructura del poder mundial. Es el fin de una época y el comienzo de una etapa histórica distinta, ya que terminó la unipolaridad hegemónica de los EE.UU., que duró 17 años y aparecen nuevas potencias, como China o la India.
En ese período, y a su amparo, se desplegó la globalización del capitalismo, cuyo ciclo de integración y unificación pareciera haber concluido.
La crisis abrevió los tiempos y lo que se iba a dar en 2025 ó 2030 se reveló ahora.
Los cambios históricos en el capitalismo tienen una dimensión cualitativa, que abarca lo económico, lo social, cultural y político.
China es el principal mercado automotor del mundo, por encima de los Estados Unidos, tanto en ventas como en producción.
Entre abril y junio, China creció 17% en relación al trimestre anterior y 7,9% anual. El PIB industrial creció 10,7%.
La construcción en China emplea tantas personas como el segmento exportador: 200 millones. Este es el componente fundamental del auge de la demanda interna a través del consumo, rasgo característico de la nueva matriz de acumulación.
La inversión doméstica es de 2,1 trillones de dólares, superior a la de los EE.UU.
En este resultado convergen tres políticas: el plan de desarrollo de infraestructura (U$S 586 mil millones), la baja sistemática de las tasas y la creación de un sistema de salud dirigido a 90% de la población campesina.
En India, el PIB creció 9% en 2008 y 6,7% en lo que va de 2009. El consumo de su población aumentó 8,5% en 2008.
El significado estratégico global del crecimiento económico de la India es el éxito de su industria de alta tecnología.
Recibió inversiones extranjeras directas por 35,1 mil millones en 2008 y las que fueron a tecnología pasaron de 8.960 millones en 2005-06 a 22.820 millones en 2006-07.
El corredor Nueva Delhi-Bangalore es el Silicon Valley indio, ya que allí se nuclean las 600 grandes empresas transnacionales de telecomunicaciones e información y el mayor número de institutos de formación tecnológica del mundo.
Jorge Castro (presidente del Instituto de Planeamiento Estratégico)
Con Obama, la globalización es el comienzo de una nueva era.
El presidente de los EE.UU. tiene una expectativa más amplia respecto de qué trata la globalización.
La globalización va más allá del comercio. Es una filosofía de cooperación entre países.
Dentro de las empresas, la globalización significa un mayor uso de tecnología, aunque hay toda otra corriente que le echa la culpa de todo.
La idea del NAFTA fue una idea de Bush padre y Clinton candidato lo criticó. Cuando asumió, la aceptó y todo el continente se propuso en Miami avanzar en 10 años hacia una zona de libre comercio (ALCA). Pero la integración no prosperó.
Ya con Bush hijo, la idea estaba difunta, pero nadie quiere admitir que sus ideas están muertas.
Los Estados Unidos han perdido ocho años en el ataque al cambio climático, aunque ahora habrá un gran cambio político, cuando participe de la Conferencia de Copenhague.
A Obama le interesa compartir información e ideas sobre la inseguridad en el Hemisferio y la pobreza y como se vinculan estos males al narcotráfico.
Muy pocos creen que EE.UU. se va recuperar en materia de empleo y será algo difícil porque estamos entrando en una etapa de gran desocupación, casi endémica, que los países de Europa han sufrido durante generaciones y nosotros no.
El verdadero desafío será cómo manejar nuestra propia economía cuando toquemos fondo y empecemos a resurgir.
Sesión plenaria: “Inserción internacional de la Argentina, factor clave para el Progreso”.
Robert Lawrence (profesor de Comercio e Inversiones Internacionales en la Escuela de Gobierno ‘John Kennedy’ de la Universidad de Harvard)
Entre 1960 y 1980 (época de sustitución de importaciones) hubo 33 ‘milagros económicos’; pero también debacles en 14 países (principalmente de África) que no lograron crecer al cabo de una década.
En la era de la globalización se registraron 26 milagros (en su mayoría en Asia, Caribe más Chile) en países con 2.100 millones de habitantes, mientras las debacles (una década sin crecimiento) alcanzaban a 65 países con 621 millones de personas.
Esto significa que no hay una receta única, y menos si se mira al número de personas beneficiadas o afectadas y no al número de países.
En el año 2000 la visión predominante era que la globalización era buena para los países industriales, pero no para los países en desarrollo. Pero en los 8 años siguientes, la participación del PBI de los EE.UU. en el ingreso mundial se desplomó, a la vez que crecía el de China, India y los países latinoamericanos.
La libertad de comercio es precondición para el crecimiento.Hay una vinculación entre comercio y crecimiento y entre exportaciones e importaciones. En este contexto, el rol de instituciones de alta calidad (como las aduanas) es altamente crítico.
En materia de calidad institucional la Argentina ocupa el puesto 126° sobre 131 países. Sus principales problemas pasan por la credibilidad en materia fiscal y de reglas.
La Argentina tendría que dar gran apoyo a la Ronda Doha de la OMC (para liberalizar el comercio agrícola) y no parece hacerlo. Por otra parte, no veo peor política que poner impuestos a las exportaciones.
Puede haber proteccionismo, pero no toda la industria puede ser considerada naciente. No puede haber estrategias si no hay reglas.
John Edwards (ex asesor económico del primer ministro australiano y del Reino de Bahrein)
Australia es un ejemplo de país en desarrollo con increíbles experiencias económicas: acaba de ingresar en el 19° año consecutivo e ininterrumpido de expansión a un promedio de 3.9% anual.
Como este crecimiento ha sido persistente, nos ha cambiado como economía y como sociedad. El PBI acumula un crecimiento de 80% en términos reales; la productividad por hora, 50%; el empleo subió 40% y el desempleo que a comienzos de los ’90 se ubicaba en 12%, se ubica actualmente en 6% a pesar de la desaceleración que provocó la crisis global.
Si bien Australia es el mayor productor agrícola, la agricultura no explica esta prolongada expansión. Tampoco la minería, que es importante; ni la construcción ni el consumo hogareño, que han crecido, lo mismo que las inversiones, o las exportaciones a China. La economía tiene déficit de cuenta corriente y la deuda interna en proporción al PBI es más alta que la de Estados Unidos.
¿Por qué nos ha ido tan bien? ¿Por qué ha habido un milagro y hoy es la primera economía en subir las tasas de interés después de la crisis global?
La respuesta hay que buscarla en la historia: en el pasado no nos fue bien. En los años ’80 la inflación llegó al 26%, en buena medida por un complejo sistema de aumentos de sueldos. En esas condiciones, ninguna economía puede florecer. Estábamos agotados políticamente.
Pero en 1993, los dos partidos políticos mayoritarios reconocieron que la situación tenía que cambiar. Hubo acuerdos entre el Gobierno y los sindicatos para bajar salarios reales a cambio de rebajas impositivas y beneficios sociales. Cambió la forma de fijar salarios (en lugar de arbitraje se pasó a convenciones colectivas); se dejó flotar al dólar y se desregularon totalmente los mercados financieros.
Hubo grandes incrementos de productividad, tras lo cual ayudaron la fuerza de la economía global y regional; la minería; las reformas económicas y el avance en la tecnología de comunicaciones.
Con respecto a las experiencias australiana que pueden trasladarse a la Argentina, sólo puedo decir que el éxito viene del fracaso. En Australia, un acuerdo político reconoció el fracaso del sistema anterior; que no podíamos seguir en la misma senda. Descubrimos en 1977, después de una fuerte recesión, que hay situaciones en que la cuerda se rompe.
Promotores de la competitividad de las empresas
Sesión Plenaria: “Infraestructura para la competitividad”
Pablo Sanguinetti (director de Investigaciones socio-económicas de la Corporación Andina de Fomento – CAF)
El progreso en la cantidad y calidad de la infraestructura es muy relevante en América latina.
La región muestra divergencias contra los países desarrollados, se nota que crece, pero no lo suficiente y hay problemas en la calidad de los servicios que varían significativamente de ciudad en ciudad.
En Buenos Aires, 23,7% reportó cortes de electricidad y en Córdoba, 36,2% mientras que en Caracas 18,9% se quejó por cortes de agua y en Maracaibo lo hizo 65,8%.
A partir de los años 90, hubo un fuerte incremento de la inversión privada en la mayor parte de los servicios.
¿Por qué invertir en infraestructura? Para mejorar la calidad de vida de los hogares, la productividad de las empresas y el medio ambiente.
Se requieren evaluaciones de impacto permanente y entre los beneficios se observa que la información mejora la toma de decisiones, mejores evaluaciones ex ante y mayor eficiencia del gasto público.
Las empresas que usan más intensamente infraestructura se benefician más y hacen inversiones complementarias.
La infraestructura también permite la reasignación más eficiente de los recursos al interior de las industrias.
Hay que mejorar la gestión, a través de tener una visión integral de los distintos modos de intervención en inversión nueva, mantenimiento y administración del uso de la infraestructura existente.
También hay que fortalecer la institucionalidad pública y privada.
La infraestructura juega un papel crítico en el desarrollo.
Fernando Navajas (director de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas FIEL)
La economía argentina tiene por delante tres grandes desafíos para revertir cuellos de botella sectoriales efectivos (energía): prepararse para el salto agroexportador, lograr una mayor competitividad (caminos, puertos, transporte) y cerrar la brecha-déficit de saneamiento ambiental.
En este último punto, la inversión es horrible y hay que revertir 40 años de problemas.
El país deberá redireccionar la inversión en infraestructura en los próximos 10 años hacia la energía y las comunicaciones para lograr mayor competitividad y lograr un salto cualitativo en el sector agroexportador.
Hay un ambiente regulatorio debilitado y en franco deterioro.
La situación actual comprende una recuperación del gasto en infraestructura en los niveles históricos, aunque se notó un cambio en su composición, con mayor inversión pública y menor inversión privada.
La mayor cantidad de recursos que pone el Estado lo dedica a viviendas, mientras que el nivel de inversión privada es bajo porque no hay incentivos.
La estimación de requisitos agregados de inversión en infraestructura apunta a un nivel anual en torno de 4% del PIB, es decir un flujo anual de U$S 12.000 millones que la Argentina desembolsa, pero lo hace mal.
Converger en montos hacia países como Chile, España, Corea o Australia requeriría una inversión de U$S 20.000 millones.
Guillermo Wille (Director General del Centro Tecnológico Jack Welch de General Electric India)
La demanda de electricidad y agua aumenta exponencialmente en función del crecimiento poblacional y conlleva el riesgo de deteriorar el medio ambiente.
Estamos trabajando hoy en los motores del mañana; en innovaciones en electrodomésticos e invertimos U$S 6.000 millones anuales en tecnología. En la India tenemos 6.500 ingenieros trabajando.
La innovación se produce por la intersección de disciplinas; no sólo por una cuestión científica.
Hoy ponemos foco en la eco-imaginación (locomotoras hasta 20% más eficientes; motores de aeronaves 15%); soluciones de “energía verde” (eólica, solar, utilización de gases de desecho); tecnologías de procesamiento de aguas; salud-imaginación (incluso en la salud de nuestros 320.000 empleados en todo el mundo) y accesibilidad para el instrumental médico (ecógrafos e incubadoras de bajo costo) para países en desarrollo.
El mundo en desarrollo tiene los mismos requerimientos que el mundo desarrollado, pero con tecnologías más accesibles y económicas que luego se aplican en el mundo desarrollado. El futuro de la innovación está en el mundo en desarrollo.
Sesión plenaria: “El caso brasileño: Plan de Aceleración del Crecimiento” (PAC).
Paulo Bernardo Silva (Ministro de Planeamiento, Presupuesto y Gestión de Brasil).
Brasil está creciendo al mismo ritmo que el año pasado antes de la crisis global, a raíz de las medidas contracíclicas adoptadas por el gobierno de Lula. Hubo impulso fiscal, (el déficit se ubicó en 2.1%); la tasa Selic bajó a 8.75% y la tasa de interés real a 4.85%, que es algo más baja aún en el caso de financiación del BNDeS.
Con relación al PAC, que surgió en 2007 tras la reelección de Lula, el Plan apuntó a fomentar inversiones para recuperar la capacidad de crecimiento sin incrementar la inflación, que a comienzos de la década del ’90 había llegado a extremos de 84% mensual.
El PAC prevé inversiones por 246.000 millones de reales en el período 2007/2010, divididas en Logística (R$ 96.000 M); Energía (R$ 295.000 M) e Infraestructura Social y Urbana (R$ 255.000 M).
También se hizo un esfuerzo en planificación estratégica; gestión articulada; fortalecimiento de regulaciones; instrumentos financieros; asociación pública y privada y articulación de jurisdicciones federales, provinciales y municipales. Además se adoptaron medidas para reforzar el crédito y bajar impuestos para dar sustentabilidad a esas inversiones.
Hasta agosto de 2009, el PAC ya llevaba R$ 210.000 millones ejecutados, con recursos presupuestarios y 40% de inversiones privadas, financiadas por el BNDeS.
El Plan permitió, entre otras obras, la construcción de 4.500 km. de carreteras; 194 barcos y 2 astilleros; generación eléctrica por 4.474 MW de capacidad instalada; 6.680 km. de líneas de transmisión eléctrica y 2.290 km. de gasoductos.
Por otra parte, ya empezamos a planificar la infraestructura para ser sede de la Copa de Confederaciones (2013); la Copa del Mundo de Fútbol (2014), que se realizará en 12 ciudades brasileñas, y los Juegos Olímpicos (2016).
También estamos definiendo el PAC 2 a partir de 2011, para después del mandato de Lula, a fin de dejarle al gobierno que lo suceda un listado de obras de infraestructura ya planificadas.
Cena: “La crisis global: desafíos y oportunidades de crecimiento para las democracias latinoamericanas".
Alejandro Toledo (ex presidente de la República del Perú)
Por primera vez en la historia, América latina tiene una oportunidad extraordinaria para dar un salto cualitativo y para jugar con democracia y justicia social en la cancha grande de la economía mundial.
Nunca como antes, la región tiene la oportunidad de sacudirse y ser libre.
Hay retos que van más allá de las fronteras, retos que exigen más líderes y menos políticos.
Retos como agua limpia para el mundo, cuidar el medio ambiente, enfrentar el problema de la inseguridad o que las poblaciones rurales tengan Internet y que los pobres puedan acceder al SMS.
Hay que destruir la pobreza y la exclusión social. Yo soy un sobreviviente de la pobreza extrema, uno de 16 hermanos, de los cuales siete murieron en su primer año de vida.
No es un reto de la ética o de la moral. Los grandes números de la pobreza y la exclusión son un reto para los empresarios.
En este continente hay 220 millones de personas que están tratando de sobrevivir con menos de 2 dólares por día y 95 millones de ellos con menos de un dólar.
Vengo a proponerles a invertir en pobreza porque es altamente rentable e indispensable para lograr el crecimiento sostenido.
Si se incorporan esas personas al proceso productivo tendrán un ingreso y comprarán más. Eso reduce la inestabilidad y el descontento social.
Soy el resultado de un error estadístico. Viniendo de dónde vengo y desde ese margen de error, promuevo que todos tengan posibilidades de ser presidentes de sus países.
He decidido dedicar todos los días del resto de mi vida a luchar contra la pobreza y la exclusión social. Cada uno tiene su locura y ésta es la mía.
Hoy me toca entregar y por eso rehúso jubilarme, sabiendo que hay miles de Alejandro Toledo que no han tenido la suerte de escapar, como yo.
El mundo es distinto y hoy los Estados Unidos ya no es el principal inversor de Latinoamérica. Los chinos están llegando.
Hemos construido capital humano que anda por el mundo y debemos traerlos y comenzar a ser libres de la vulnerabilidad que tenemos, que son los precios de nuestros productos.
Tenemos que pasar de ser proveedores de comida a ser exportadores de pensamiento, para descubrir cosas que nos hagan más independientes.
Dios nos castigó y nos puso demasiados recursos naturales.
Si invertimos en la mente de nuestra gente, yo no veo por qué no podemos dar el salto.
Necesitamos instituciones democráticas fuertes y poderes judiciales que no se vendan, donde los gobernados le puedan pedir cuentas a los gobernantes, con libertad de expresión irrestricta y con independencia de poderes.
La libertad de expresión se necesita mutuamente con la democracia. El que suprime a otros deja la voz solitaria del poder que no debate ideas, sino que impone.
Escuchar la voz de otros es el derecho de todos y una condición indispensable para consolidar la democracia.
La legitimidad no es solamente el voto. Es más difícil gobernar democráticamente que ser elegido democráticamente.
La fortaleza de la democracia no se mide por los armamentos, ni por las cifras de le economía ni por las alianzas políticas, sino que está en relación directa con la libertad de expresión de los ciudadanos.
Debemos capitalizar la globalización. No me gusta que me roben la identidad, pero no hay que meter miedo con ella, sino que hay que tratar de ponerle un rostro humano.
Podemos hacer negocios respetando la idiosincrasia cultural de las comunidades donde están los recursos naturales.
Le pido que entren a jugar a la cancha de las políticas de Estado.
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